Para empezar me encanta la gente que escribe con una ortografía fascinante.
¿Que si escribo? ¿Eh? Si, yo escribo, escribía, solía hacerlo, en el rincón de mi cuarto, en lo más profundo de mi ser. Y es la única manera de proyectar nuestro ser inferior, porque somos tan astutos, tan egocéntricos que buscamos nuestro propio bien usamos máscaras, excusas situaciones, para que nos amen de una manera inefable y nos admiren como Dioses. Nunca llegamos a ser nuestro propio yo, y eso me asusta.
Este último año con varios meses (no sé cuántos) Descubrí la persona tan superficial que puedo ser, el salirme de mi yo interior, el no tener ningún tema interesante o profundo en mucho tiempo, y sobre todo, el perder el contacto con personas que, quizás si lo eran. Me basé mucho en la carcasa de la gente y pues... aquí estoy, sufriendo como siempre, pensando como nunca.
Y es que a veces somos tan... pero tan pendejos que damos de más a la gente. Nos preocupamos por cómo están, por cómo les fue el día de hoy, si quieren salir algún día por café, etc, mil cosas, nos botan y seguimos ahí porque no aceptamos un no y no nos rendimos tan fácil. No aceptamos las derrotas ni la pérdida de seres especiales, quizás no sabemos estar solos. Mi caso. Constantemente necesito atención de cualquier tipo y me gustaría ser independiente.
Buscamos cariño donde no hay, y atención en lo burdo y absurdo. Cuando realmente puedes tenerlo todo siendo tu, y necesitando solo de ti mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario