El día no está arruinado hasta que entramos a estas horas de la noche.
Estas horas donde... sentimos soledad infinita.
Algunos buscan calor en su pareja, otros en cualquier cama cómoda que se ofrezca, sin sentir remordimiento por la mañana, sin ver el amanecer con aquella persona que quizás, por un par de copas coincidieron en aquel lugar, o que se yo, el destino es azar.
Tomar tus cosas y marcharte, olvidando aquel departamento, aquella cama, aquella persona y aquel momento.
Hoy... me voy, abro la puerta y me voy completa, no a medias, ni más o menos, completa.
Por que así me tuviste, como un todo y sin embargo era más tuya que mía. Mis días, mi pensamiento, era una ola masiva de constantes pensamientos positivos acerca de ti, tus virtudes, tus manías, tu defectos, eran tantos para mi, y sin embargo parecías... Perfecto.
Hoy no siento la necesidad de quererte, y sin embargo, traté tantas veces de irme, pero dejando olvidadas algunas cosas, que te pertenecían, pero ahora son mías.
No me hables de amor, si no es algo que está dentro de ti.
Háblame de tu día, de tu trabajo, de tus metas y tus logros. Algo real.
Algo que no involucre aceptación, deseo o necesidad.
Aquellas dulces, interesantes, magníficas y poderosas palabras, ahora son sólo palabras.
Sin un significado para mi, sin sentir, sólo palabras.
Tus labios son fríos, y no puedo esperar a responder de una manera sublime, un beso,
una pequeña mordida o incluso una sonrisa.
Las caricias cambiaron, y pasé a sólo ser objeto, cuando antes no podías estar sin recorrer toda mi piel, y tus suaves manos ahora son desconocidas, dedos, que jamás sentí.
Cada vez que me levantaba, tus ojos eran mis reflejo, ojos color miel, ahora mi reflejo es algo fuera de ti.
Tu reflejo en la ventana, mi vida entera. La razón más bonita de despertar todos los días. Tu sonrisa imperfecta pero que hacía que esa chueca línea hiciera un vaivén perfecto con los sonidos de la mañana, y tus ojos, retrataban el cuadro perfecto con ese brillo único e inocente. ¿Y qué pasó? . Me voy, sin dejar una maleta olvidada, sin dejar nada.
Y graba mis ojos que tantas veces lloraron, y graba el tiempo que no pasará jamás.
Graba mi sonrisa al pasar horas juntos, mi voz, mis brazos, porque necesitarás un abrazo al anochecer. Quizás no seré yo, y será alguien más.
Graba muy bien esta siluetas de mis manos, pues serán las únicas que sostendrán tu corazón. Creí irme en pedazos, pero me voy más completa que nunca.