viernes, 15 de enero de 2016

Si esto tuviera un título apropiado.

Tu desprecio me inspira tanto, me inspira tanto que no sé si reír, llorar, sentirme en una profunda ansiedad o morir por dentro.
Tu ausencia es mortal, como un dolor que no se siente pero es crónico, y pasan los días, yo sigo igual. ¿A caso tu has cambiado? ¿Cómo va tu vida? ¿Con quien estás?.
Teniendo todo y tener nada. Sentir todo y sentir nada.
Tener amor desbordado y por todos lados, por todos rumbos, y de todos modos sentirse vacío, inexistente, sin motivos de como seguir. Sin sentirse segura, pero estando viva, respirando.

No me olvido del sabor de tu piel, ni del calor de tus labios.
De esos ojos grandes marrones con una expresión de tranquilidad, aunque por dentro denotaban un huracán.
Un huracán invencible, indomable y rebelde.
Esos ojos que esconden misterio, disfrazados de intelectualidad y que sólo escondían miedo y dulzura.
Esos labios suaves, gruesos y besables, tu boca que me hace ceder cada vez que pueda.
Y vuelvo a caer, o vuelvo a caer.
Te besé tantas veces, una, dos, o diez, bajo las estrellas, bajo el cielo infinito.
Teniendo respuestas de tus labios y los míos.
Y aquellos momentos que no olvido y que siempre estarán.
Y porque duele despertar cada mañana sin tu beso, tantas veces que te tuve.

Y no vuelvas que extraño tu cuerpo , y no vuelvas que extraño tu ser.
No vuelvas porque no quiero ceder. No te necesito, sigo sin ti.
Y así pasará hasta que me olvide completamente de ti.

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