Díganle que estoy celosa, que estoy celosa del viento.
Que estoy celosa del viento que lo acaricia.
Que estoy celosa de las miradas de terceros y de no estar junto a él.
Díganle que es una estrella, que es una estrella en mi cielo.
Y que es la más brillante de todas, y que ilumina mis noches y las vela.
Que esa luz vislumbrante en la oscuridad.
Díganle que es la experiencia.
Que es la experiencia en los años, en el arte de amar.
En el arte de entregarlo todo sin recibir nada a cambio que no sean besos y abrazos.
Díganle que es mis manos.
Mis manos que plasman el arte en un lienzo para luego convertirse en algo abstracto.
Las manchas de pintura que quedan entre mis dedos después de pintar.
Que son mis dedos al jugar con mi cabello, que son mis manos al recorrer mi cuerpo.
Díganle que es aire. El más puro y fresco.
Que se mezcla con la suave brisa del verano, que me hace estremecer.
Y que acaricia cada espacio de mi piel.
Díganle que es el tiempo. El tiempo que no camina.
Que se queda establecido entre las manecillas del reloj. Que no se gasta ni se desperdicia.
Que se aprovecha hasta el final, y que gasto mis fuerzas por estar con el y compartir un momento, no un momento, si no una eternidad.
Díganle que es mi vida.
Así de simple, así de fácil.
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